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Cuando contratamos una boda, que suele ser sobre el año anterior, me gusta añadir a los novios al Facebook. En la red social estamos más en contacto, ellos ven nuestros trabajos y vamos conociéndonos mutuamente un poco más, importante para cuando llegue el día de la boda. Con Patricia no hubiera sido lo mismo sin el dichoso Facebook, hemos estado permanentemente en contacto desde que acordamos el reportaje: sus problemas con la primera iglesia, luego no encontraba cura, sus detalles, sorpresas… Todo! a través de privados vía Facebook.

Y claro, es tanta la confianza que tienes con ellos, es tanto el cariño que desprenden por tener el mejor de los recuerdos, que te hacen partícipe de su boda, eres uno más, te sientan como un invitado más, te llevas a casa ese recordatorio de su boda, incluso va todo más allá y te hace cómplice de sus dudas, de sus preocupaciones y de sus dilemas. Y así, como no, todo sale mucho mejor. Nos sentimos muy agusto en su boda, disfrutamos y compartimos grandes momentos con sus familias, incluso nos hicieron bailar una rueda de salsa antes de marcharnos… ¡qué grandes!.

Chicos, mil gracias, por vuestra sencillez, por vuestro trato. Os merecéis todo lo mejor. Ya sabéis, a ser felices…

La compenetración en una pareja puede ser de las cosas más importantes para que las cosas vayan bien. Es importante que cada uno aporte sus ‘ingredientes’ y logremos hacer un cocktail de una pareja con todas las cualidades posibles. Esta situación se da con creces en la pareja que ayer tuvimos la oportunidad de acompañar en su ‘sí quiero’.

Jorge es humilde, calmado, sereno, seguro, todo lo tiene controlado, le descubrimos los nervios por esos sudores que le entran, no porque su cara nos lo diga. María es extrovertida, loca, muy loca, es difícil verla un ratito sin sonreír, es divertida y espontánea. Juntos, forman una pareja genial.

Nos encanta ver a los novios acompañados en sus preparativos, el ambiente de nervios y un poco de locura nos sirve para captar momentos divertidos entre todos los familiares y sobrinos que comparten esos momentos previos con la pareja. La iglesia de San Francisco acogería la ceremonia cuando el sol comenzaba a apretar. De allí al castillo de Santa Catalina, dónde disfrutamos de unas bonitas vistas de La Caleta y tomamos unos paseos de la pareja.

Un caserón en medio de unos pinares acogería el banquete. Un viejo palacete con su planta baja intacta, una capilla y unos salones que permanecen amueblados con enseres de la época. La hacienda el Pinar sería testigo de una mesa ‘1988’ que lo dio todo desde el primer minuto; de encuentro de amigos que por la crisis, se encuentran en diferentes partes del mundo; de un 30 cumpleaños que logró reunir a todos; de una celebración llena de detalles y agradecimientos, de risas y de lágrimas, de momentos especiales que Jorge y María no olvidarán jamás.

Nosotros estuvimos allí, para grabarlo y para contarselo a sus futuros hijos. Le preparamos una edición en directo y logramos emocionar a la pareja con su proyección. Se divirtieron y disfrutaron de lo lindo. Ahora toca digerirlo todo en ese gran viaje a tierras ‘yankis’. Pareja, gracias por todo, fue un placer formar parte de vuestro gran día. Sed felices, muy felices…